El colesterol es una sustancia cerosa esencial para el funcionamiento celular, pero cuando sus niveles se descontrolan, especialmente el colesterol LDL (lipoproteína de baja densidad), conocido comúnmente como colesterol «malo», aumenta significativamente el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Controlar el colesterol LDL mientras se optimizan los niveles de HDL (lipoproteína de alta densidad), o colesterol «bueno», se convierte así en una prioridad para la salud del corazón y las arterias.

Afortunadamente, la alimentación constituye una herramienta poderosa y accesible para mejorar el perfil lipídico. Este artículo presenta una guía práctica, respaldada por evidencia científica, sobre los alimentos y patrones dietéticos que realmente funcionan para reducir el colesterol LDL y promover la salud cardiovascular. Los lectores aprenderán cómo incorporar fibra soluble, grasas saludables, esteroles vegetales y proteínas de origen vegetal en su alimentación diaria, además de comprender la importancia de monitorear estos cambios mediante análisis de laboratorio que permitan ajustes personalizados y medición objetiva del progreso.

La Fibra Soluble y su Efecto sobre el Colesterol

La fibra soluble representa uno de los componentes dietéticos más efectivos para reducir el colesterol LDL de manera natural. Este tipo de fibra se disuelve en agua formando un gel viscoso en el tracto digestivo, donde ejerce múltiples efectos beneficiosos sobre el metabolismo lipídico.

Qué es la Fibra Soluble y Cómo Actúa en el Intestino

La fibra soluble funciona como una esponja molecular que captura sales biliares en el intestino delgado, impidiendo su reabsorción. Dado que el hígado utiliza colesterol para producir nuevas sales biliares que reemplacen las excretadas, este proceso provoca una reducción neta del colesterol circulante en sangre. Además, la fermentación de la fibra soluble por las bacterias intestinales produce ácidos grasos de cadena corta que pueden inhibir la síntesis hepática de colesterol.

Este mecanismo dual —eliminación aumentada y producción reducida— convierte a la fibra soluble en un aliado natural para mejorar el perfil lipídico. La viscosidad del gel formado también ralentiza la absorción de grasas y azúcares, contribuyendo a una mejor regulación metabólica general.

Alimentos Ricos en Fibra Soluble

Entre las fuentes más ricas de fibra soluble destacan la avena y la cebada, que contienen beta-glucanos, un tipo especialmente efectivo de fibra soluble. Un tazón de avena cocida puede aportar entre 3 y 4 gramos de fibra soluble, y diversos estudios muestran que consumir entre 5 y 10 gramos diarios de fibra soluble puede reducir el colesterol LDL entre aproximadamente 5 y 11 puntos porcentuales.

Las legumbres —lentejas, garbanzos, frijoles negros y alubias— son fuentes excepcionales que además aportan proteínas vegetales. Una porción de media taza de legumbres cocidas proporciona alrededor de 2 gramos de fibra soluble. Las frutas como manzanas, peras, cítricos (naranjas, toronjas) y fresas contienen pectina, otra forma de fibra soluble altamente efectiva. Los vegetales como el brócoli, las coles de Bruselas y las zanahorias también contribuyen al aporte diario.

Incorporar variedad de estas fuentes a lo largo del día —avena en el desayuno, una manzana como colación, ensalada con garbanzos en el almuerzo— facilita alcanzar los niveles recomendados de fibra soluble de manera natural y sostenible.

Sustituir Grasas Saturadas por Grasas Mono y Poliinsaturadas

El tipo de grasa que se consume influye profundamente en el perfil lipídico, siendo el reemplazo de grasas saturadas por grasas insaturadas una de las estrategias dietéticas más validadas para reducir el colesterol LDL. Este cambio no solo mejora los lípidos sanguíneos, sino que también reduce la inflamación y beneficia la salud vascular.

Por Qué Reemplazar Mantequilla y Grasa Animal por Aceites Saludables

Las grasas saturadas, abundantes en mantequilla, grasa de cerdo, carnes rojas grasas, productos lácteos enteros y aceites tropicales como el de coco y palma, aumentan los niveles de colesterol LDL al incrementar la expresión de receptores de LDL en el hígado de manera menos eficiente que las grasas insaturadas. Sustituir estas grasas por aceite de oliva, aguacate, frutos secos y pescado graso mejora significativamente el perfil lipídico.

El aceite de oliva extra virgen, pilar de la dieta mediterránea, contiene ácido oleico (grasa monoinsaturada) y compuestos fenólicos con propiedades antioxidantes y antiinflamatorias. Los frutos secos —almendras, nueces, pistachos, avellanas— aportan tanto grasas monoinsaturadas como poliinsaturadas, además de proteínas vegetales, fibra y micronutrientes como vitamina E y magnesio.

Los pescados grasos —salmón, sardinas, caballa, atún— son fuentes excepcionales de ácidos grasos omega-3 (EPA y DHA), grasas poliinsaturadas que reducen triglicéridos, disminuyen la inflamación vascular y pueden elevar modestamente el colesterol HDL. El aguacate ofrece una combinación única de grasas monoinsaturadas, fibra y potasio, convirtiéndolo en un alimento cardiovascularmente protector.

Efectos Medibles en el Perfil Lipídico

La evidencia científica demuestra consistentemente que el reemplazo de aproximadamente el 5% de las calorías provenientes de grasas saturadas por grasas insaturadas puede reducir el colesterol LDL entre un 10 y un 15%. Este cambio también mejora la relación colesterol total/HDL, un indicador importante de riesgo cardiovascular.

Para implementar esta sustitución de manera práctica, se recomienda usar aceite de oliva o de aguacate para cocinar en lugar de mantequilla o manteca, incorporar un puñado pequeño de frutos secos como snack diario, consumir pescado graso al menos dos veces por semana, y añadir aguacate a ensaladas o tostadas integrales en lugar de quesos grasos o embutidos.

Esteroles y Estanoles Vegetales como Herramienta Dietética

Los esteroles y estanoles vegetales representan compuestos naturales estructuralmente similares al colesterol que ofrecen un mecanismo adicional para reducir la absorción intestinal de colesterol. Estas moléculas, presentes naturalmente en pequeñas cantidades en alimentos vegetales, se han convertido en ingredientes funcionales añadidos a ciertos productos alimenticios.

Qué Son y Cómo Funcionan

Los fitoesteroles (esteroles vegetales) y los fitoestanoles (estanoles vegetales) son compuestos lipídicos estructuralmente análogos al colesterol animal, pero con pequeñas diferencias químicas. Cuando se consumen, compiten con el colesterol por la incorporación en las micelas intestinales —estructuras necesarias para la absorción de lípidos— bloqueando así la absorción del colesterol dietético y del colesterol biliar.

Este proceso de competición reduce la cantidad de colesterol que ingresa al torrente sanguíneo desde el intestino, forzando al hígado a extraer más colesterol LDL de la sangre para compensar la menor absorción intestinal. El resultado neto es una disminución de los niveles circulantes de colesterol LDL.

Evidencia de Reducción de LDL y Fuentes Alimentarias

La investigación indica que el consumo de aproximadamente 2 gramos diarios de esteroles o estanoles vegetales puede reducir el colesterol LDL entre un 5 y un 15%, con efectos que se observan generalmente después de dos a tres semanas de consumo regular. Este beneficio es aditivo a otros cambios dietéticos, potenciando los efectos de la fibra soluble y las grasas saludables.

Los alimentos naturalmente ricos en esteroles incluyen aceites vegetales (especialmente de maíz y soja), frutos secos, semillas y legumbres, aunque en cantidades relativamente pequeñas. Para alcanzar las dosis efectivas de 2 gramos diarios, muchas personas recurren a productos fortificados como margarinas especiales, bebidas lácteas enriquecidas, yogures y jugos diseñados específicamente para incluir estos compuestos.

Es importante consumir estos productos durante las comidas principales, ya que los esteroles actúan en el intestino durante la digestión de las grasas. Para personas con colesterol elevado que no pueden o no desean tomar medicación, o que buscan potenciar los efectos de cambios dietéticos básicos, los productos con esteroles vegetales representan una opción basada en evidencia sólida.

Proteínas Vegetales y Patrones Dietéticos Centrados en Plantas

Aumentar la proporción de proteínas de origen vegetal en la dieta, mientras se reduce el consumo de carnes rojas y procesadas, constituye una estrategia efectiva para mejorar el perfil lipídico y reducir el riesgo cardiovascular. Este enfoque va más allá de alimentos individuales, abarcando patrones alimentarios completos que han demostrado beneficios consistentes.

Beneficios de Legumbres, Tofu y Reducción de Carnes Rojas

Las legumbres —lentejas, garbanzos, frijoles, guisantes— ofrecen proteínas completas cuando se combinan con cereales, además de fibra soluble, micronutrientes y compuestos bioactivos con propiedades antiinflamatorias. El reemplazo de carnes rojas por legumbres reduce la ingesta de grasas saturadas y colesterol dietético, mientras aumenta el aporte de fibra y fitonutrientes protectores.

El tofu, el tempeh y otros derivados de la soja aportan proteínas de alta calidad y contienen isoflavonas, compuestos que pueden contribuir modestamente a la reducción del colesterol LDL. Aunque el efecto de la soja sobre el colesterol es más modesto de lo que se creía inicialmente, estos alimentos ofrecen ventajas nutricionales adicionales como calcio, hierro y grasas insaturadas.

Reducir el consumo de carnes rojas, especialmente las procesadas como salchichas, embutidos y carnes curadas, disminuye la exposición a grasas saturadas, hierro hemo en exceso y compuestos formados durante el procesamiento que se asocian con mayor riesgo cardiovascular y metabólico. La sustitución parcial o total por proteínas vegetales mejora múltiples marcadores de salud cardiovascular más allá del colesterol.

Dieta Mediterránea y DASH como Modelos Efectivos

Más allá de alimentos específicos, patrones dietéticos completos como la dieta mediterránea y la dieta DASH (Dietary Approaches to Stop Hypertension) han demostrado efectividad robusta en la reducción del colesterol LDL y la mejora de la salud cardiovascular global.

La dieta mediterránea enfatiza el consumo abundante de frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos y aceite de oliva como grasa principal, con consumo moderado de pescado, aves y lácteos, y limitado de carnes rojas. Este patrón no solo reduce el colesterol LDL, sino que mejora la función endotelial, reduce la inflamación y protege contra eventos cardiovasculares mayores.

La dieta DASH, originalmente diseñada para controlar la hipertensión, también mejora significativamente el perfil lipídico. Prioriza frutas, verduras, cereales integrales, productos lácteos bajos en grasa, pescado, aves, legumbres y frutos secos, mientras limita las grasas saturadas, los dulces y las bebidas azucaradas. Ambos patrones son flexibles y adaptables a diferentes culturas culinarias, facilitando la adherencia a largo plazo.

Adoptar estos enfoques implica cambios graduales: aumentar progresivamente las porciones de vegetales, sustituir cereales refinados por integrales, incorporar legumbres varias veces por semana, usar aceite de oliva como grasa principal, y reservar las carnes rojas para ocasiones especiales. La clave radica en la consistencia y la calidad general del patrón alimentario, más que en la perfección en cada comida.

Reducción de Grasas Trans y Saturadas: La Base del Cambio

Eliminar las grasas trans y limitar sustancialmente las grasas saturadas constituye el fundamento de cualquier estrategia dietética efectiva para reducir el colesterol. Estas modificaciones sientan las bases sobre las cuales otros cambios alimentarios pueden ejercer su máximo beneficio.

Importancia de Evitar Grasas Trans y Limitar Saturadas

Las grasas trans artificiales, creadas mediante la hidrogenación parcial de aceites vegetales, representan el tipo de grasa más dañino para el perfil lipídico. Elevan el colesterol LDL mientras reducen el colesterol HDL, un efecto doblemente negativo que aumenta dramáticamente el riesgo cardiovascular. Aunque muchos países han prohibido o limitado severamente su uso, aún pueden encontrarse en algunos productos horneados comerciales, margarinas de baja calidad, alimentos fritos y snacks procesados.

La recomendación de las principales instituciones de salud cardiovascular es mantener las grasas saturadas por debajo del 7% de las calorías totales para quienes buscan reducir el colesterol LDL. Esto implica limitar significativamente mantequilla, manteca, grasa de cerdo, cortes grasos de carne roja, productos lácteos enteros, quesos grasos, aceite de coco y aceite de palma.

Estrategias Prácticas para la Reducción

La implementación práctica de esta reducción implica leer cuidadosamente las etiquetas nutricionales, buscando «grasas trans» y verificando que no aparezcan «aceites parcialmente hidrogenados» en la lista de ingredientes. En cuanto a las grasas saturadas, la información nutricional indica los gramos por porción, permitiendo tomar decisiones informadas.

Sustituir productos lácteos enteros por versiones descremadas o semidescremadas reduce significativamente la ingesta de grasas saturadas manteniendo el aporte de calcio y proteínas. Elegir cortes magros de carne, eliminar la grasa visible antes de cocinar, y optar por métodos de cocción que no añadan grasas —como hornear, asar, hervir o cocinar al vapor— en lugar de freír, contribuye sustancialmente a este objetivo.

Preparar alimentos en casa con ingredientes frescos facilita el control sobre el tipo y cantidad de grasas utilizadas. Al comer fuera, preguntar sobre los métodos de preparación y solicitar modificaciones —como aderezos aparte, menos aceite en la cocción, o sustitución de acompañamientos fritos por opciones al vapor— permite mantener estos hábitos incluso en contextos sociales.

Cómo Diseñar tu Plan Alimentario Práctico

Traducir los principios dietéticos en comidas cotidianas resulta fundamental para la adherencia a largo plazo. Un plan alimentario práctico integra los alimentos beneficiosos de manera realista, considerando preferencias personales, tiempo disponible y contexto cultural.

Ejemplos de Comidas con Alimentos Clave

Un desayuno cardiovascularmente favorable podría consistir en avena cocida con frutos rojos, nueces picadas y una cucharada de semillas de linaza molidas, acompañada de té verde. Esta combinación aporta fibra soluble de la avena, antioxidantes de los frutos rojos, grasas saludables y omega-3 de las nueces y semillas.

Para el almuerzo, una ensalada abundante con vegetales variados, garbanzos cocidos o lentejas, aguacate en cubos, semillas de girasol tostadas y aderezo de aceite de oliva extra virgen con limón proporciona proteínas vegetales, fibra, grasas monoinsaturadas y poliinsaturadas, junto con una amplia gama de vitaminas y minerales. Acompañar con pan integral aumenta el aporte de fibra y carbohidratos complejos.

La cena podría incluir salmón al horno con hierbas, acompañado de quinoa o arroz integral y vegetales salteados en aceite de oliva. Esta comida aporta omega-3 del pescado, fibra y proteínas de los cereales integrales, y una variedad de fitonutrientes de los vegetales. Alternativamente, un curry de garbanzos con vegetales y leche de coco ligera sobre arroz basmati ofrece sabores intensos mientras mantiene el perfil nutricional favorable.

Como colaciones, un puñado de almendras crudas, una manzana con mantequilla de almendras natural, palitos de zanahoria con hummus, o yogur griego bajo en grasa con fresas picadas representan opciones saciantes que contribuyen al perfil lipídico saludable.

Consejos de Adherencia, Adaptación Cultural y Monitoreo

La adherencia sostenida requiere flexibilidad y personalización. Adaptar las recomendaciones a las tradiciones culinarias propias facilita la integración de estos cambios. Por ejemplo, la cocina mexicana puede enfatizar frijoles negros, aguacate, salsas de tomate fresco y tortillas de maíz integral; la cocina asiática puede centrarse en tofu, vegetales salteados, arroz integral y pescado; la mediterránea en ensaladas, legumbres, aceite de oliva y pescado.

Planificar las comidas semanalmente, hacer listas de compras basadas en ese plan, y preparar componentes con anticipación —como cocinar legumbres en cantidad y congelar porciones, o picar vegetales para la semana— reduce el esfuerzo diario y aumenta la probabilidad de mantener el patrón alimentario.

El monitoreo mediante análisis de laboratorio —perfil lipídico completo con LDL, HDL, triglicéridos y colesterol total— permite evaluar objetivamente el impacto de los cambios dietéticos. Realizar un análisis basal antes de iniciar las modificaciones, y repetirlo después de 6 a 12 semanas de adherencia consistente, proporciona retroalimentación valiosa sobre la efectividad de las intervenciones y puede motivar la continuidad de los esfuerzos.

Complementar con Estilo de Vida Saludable

Aunque la dieta constituye un pilar fundamental para el control del colesterol, su efectividad se potencia significativamente cuando se integra con otros elementos de un estilo de vida saludable. La actividad física regular y el mantenimiento de un peso corporal adecuado actúan sinérgicamente con las intervenciones dietéticas.

Actividad Física y Control de Peso en Conjunto con la Dieta

El ejercicio regular, especialmente la combinación de actividad aeróbica y entrenamiento de resistencia, mejora el perfil lipídico de manera complementaria a la dieta. El ejercicio aeróbico —caminar a paso rápido, trotar, nadar, andar en bicicleta— aumenta modestamente el colesterol HDL y reduce los triglicéridos, mientras que el entrenamiento de fuerza mejora la composición corporal y la sensibilidad a la insulina.

Las recomendaciones actuales sugieren acumular al menos 150 minutos semanales de actividad aeróbica de intensidad moderada, distribuidos a lo largo de la semana, junto con dos sesiones semanales de entrenamiento de resistencia que trabajen los principales grupos musculares. Para personas previamente sedentarias, comenzar gradualmente con caminatas diarias de 15 a 20 minutos e incrementar progresivamente la duración e intensidad facilita la adherencia y reduce el riesgo de lesiones.

El mantenimiento de un peso corporal saludable, o la reducción de peso en caso de sobrepeso u obesidad, mejora múltiples aspectos del perfil lipídico. Perder entre el 5 y el 10% del peso corporal puede reducir significativamente el colesterol LDL y los triglicéridos, mientras aumenta el colesterol HDL. Esta pérdida de peso debe lograrse mediante la combinación de modificaciones dietéticas saludables y actividad física regular, evitando dietas extremadamente restrictivas que son insostenibles y potencialmente contraproducentes.

Funciones Integradas para Maximizar el Efecto

La sinergia entre dieta, ejercicio y control de peso se manifiesta en mejoras más pronunciadas del perfil lipídico que las logradas por cualquier intervención aislada. Por ejemplo, una persona que adopta una dieta rica en fibra soluble y grasas saludables, mientras camina 30 minutos diarios y pierde 5 kilogramos, experimentará reducciones de LDL más sustanciales que si solo implementará el cambio dietético.

Además, el estilo de vida saludable integral mejora otros factores de riesgo cardiovascular como la presión arterial, la resistencia a la insulina, la inflamación crónica y la función endotelial. El manejo del estrés mediante técnicas de relajación, meditación o yoga complementa estos efectos al reducir la activación del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal y sus consecuencias metabólicas.

Dejar de fumar representa otra intervención crítica para quienes tienen este hábito, ya que el tabaquismo reduce el colesterol HDL, daña las paredes arteriales y multiplica el riesgo cardiovascular. La combinación de todos estos elementos —dieta cardiovascularmente protectora, ejercicio regular, peso saludable, manejo del estrés y ausencia de tabaquismo— constituye el enfoque óptimo para la salud cardiovascular integral.

Preguntas Frecuentes

¿Cuánta Fibra Soluble Debo Consumir para Ver un Efecto en Mi Colesterol?

Los estudios científicos demuestran que consumir entre 5 y 10 gramos diarios de fibra soluble puede reducir el colesterol LDL aproximadamente entre 5 y 11 puntos porcentuales. Este efecto se observa generalmente después de varias semanas de consumo consistente. Para alcanzar esta cantidad, se recomienda incluir alimentos ricos en fibra soluble en cada comida principal: avena en el desayuno, una manzana o naranja como colación, legumbres en el almuerzo o cena, y vegetales variados a lo largo del día. La clave está en la regularidad y la variedad de fuentes, más que en depender de un único alimento.

¿Los Alimentos por Sí Solos Son Suficientes para Reducir el Colesterol?

Para muchas personas con elevaciones leves a moderadas del colesterol LDL y sin otros factores de riesgo cardiovascular importantes, los cambios dietéticos combinados con ejercicio regular y control de peso pueden ser suficientes para alcanzar objetivos lipídicos saludables. Sin embargo, en casos de hipercolesterolemia severa, antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular prematura, diabetes u otros factores de riesgo significativos, la medicación (generalmente estatinas) puede ser necesaria además de las modificaciones del estilo de vida. La dieta potencia los efectos de la medicación y permite, en algunos casos, utilizar dosis menores. La decisión sobre si se requiere tratamiento farmacológico debe tomarse conjuntamente con un profesional de la salud, considerando el perfil de riesgo individual completo.

¿Qué Alimentos Debo Evitar o Limitar para Mejorar Mi Perfil Lipídico?

Los alimentos que deben evitarse o consumirse muy esporádicamente incluyen aquellos ricos en grasas trans —productos de panadería comercial, margarinas de baja calidad, alimentos fritos en aceites parcialmente hidrogenados y snacks procesados con estas grasas en su composición. También se deben limitar significativamente las fuentes de grasas saturadas: mantequilla, manteca, grasa de cerdo, cortes grasos de carne roja, embutidos, productos lácteos enteros, quesos grasos, crema, aceite de coco y aceite de palma. Los productos ultra procesados con alto contenido de azúcares añadidos y sal también merecen restricción, ya que afectan negativamente otros aspectos del perfil cardiovascular como los triglicéridos y la presión arterial. Sustituir estos alimentos por las opciones saludables mencionadas anteriormente genera un impacto acumulativo beneficioso en el perfil lipídico.

¿Cómo puede Ayudar el Análisis de Laboratorio en este Proceso?

Los análisis de laboratorio, específicamente el perfil lipídico completo que incluye colesterol total, colesterol LDL, colesterol HDL y triglicéridos, proporcionan información objetiva esencial para guiar y ajustar las intervenciones dietéticas. Realizar un análisis basal antes de iniciar los cambios establece un punto de referencia contra el cual medir el progreso. Repetir el análisis después de 8 a 12 semanas de adherencia consistente a las modificaciones dietéticas y de estilo de vida permite evaluar la efectividad de estas intervenciones de manera cuantificable. Esta retroalimentación objetiva motiva la continuidad de los esfuerzos cuando los resultados son positivos, o permite ajustes si los cambios no producen los efectos esperados. Servicios como Walk-In Lab facilitan el acceso a estos análisis sin necesidad de órdenes médicas previas, empoderando a las personas para monitorear activamente su salud cardiovascular y tomar decisiones informadas en colaboración con sus profesionales de la salud.

Conclusión

El control del colesterol mediante la alimentación no representa una solución mágica instantánea, sino un proceso de incorporación consciente y sostenida de alimentos beneficiosos y patrones dietéticos saludables. Los pilares fundamentales incluyen aumentar el consumo de fibra soluble proveniente de avena, legumbres, frutas y verduras; sustituir grasas saturadas por grasas mono y poliinsaturadas presentes en aceite de oliva, frutos secos, aguacate y pescado graso; incorporar esteroles o estanoles vegetales mediante productos fortificados; priorizar proteínas de origen vegetal; y adoptar patrones alimentarios completos como la dieta mediterránea o DASH que han demostrado beneficios cardiovasculares robustos.

La efectividad de estas intervenciones se maximiza cuando se integran con un estilo de vida activo que incluye ejercicio regular, mantenimiento de peso saludable y manejo efectivo del estrés. El monitoreo periódico mediante análisis de laboratorio permite objetivar los cambios, ajustar estrategias y mantener la motivación a lo largo del tiempo. Los resultados positivos suelen observarse después de varias semanas de adherencia consistente, reflejándose no sólo en mejoras del perfil lipídico, sino también en mayor energía, mejor estado de ánimo y reducción del riesgo cardiovascular a largo plazo.

Es fundamental recordar que esta información tiene fines educativos y no sustituye la orientación profesional personalizada. Si tiene niveles elevados de colesterol, antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular, diabetes u otros factores de riesgo, consulte con su médico o nutricionista para diseñar un plan adaptado a sus necesidades específicas. Las modificaciones dietéticas descritas en este artículo constituyen herramientas poderosas que, utilizadas con conocimiento y constancia, contribuyen significativamente a la salud cardiovascular y al bienestar general.


Aviso Importante: La información presentada en este artículo tiene fines educativos e informativos únicamente y no sustituye la consulta médica profesional. No constituye diagnóstico, tratamiento ni recomendación terapéutica específica. Cualquier cambio significativo en la alimentación o la interpretación de resultados de análisis de laboratorio debe realizarse bajo supervisión de profesionales de la salud calificados, especialmente si tiene condiciones médicas preexistentes o toma medicamentos.